A LA LUZ DEL CANDIL
A la luz del candil
1927
Letra: Julio Navarrine Música: Carlos Vicente Geroni Flores
―Carlos Romualdo Gardes “Carlos Gardel”―
¿Me da su permiso, señor comisario?
Disculpe si vengo muy mal entrazao,
yo soy forastero y he caído al Rosario,
llevando a los vientos un buen entripao.
Quizás usted piense que soy un matrero;
yo soy gaucho honrado a carta cabal.
No soy ni borracho, ni soy un cuatrero,
¡Señor comisario... yo soy criminal!
¡Arrésteme, sargento,
y póngame cadenas!
¡Si soy un delincuente,
que me perdone Dios!
Yo he sido un criollo bueno,
me llamo Alberto Arenas.
¡Señor... me traicionaban,
y los maté a los dos!
Mi china fue malvada,
mi amigo era un sotreta;
mientras me fui a otro pago
me basureó la infiel.
Las pruebas de la infamia
las traigo en la maleta:
¡las trenzas de mi china
y el corazón de él!
¡Apriete, sargento, que no me retobo!
Yo quiero que sepan la verdad de a mi:
la noche era oscura como boca'e lobo;
testigo, solito, la luz de un candil.
Total, casi nada: un beso en la sombra,
dos cuerpos cayeron, y una maldición.
Y allí, comisario, si usted no se asombra,
yo encontré dos vainas para mi facón.
¡Arrésteme, sargento,
y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente,
que me perdone Dios!